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viernes, 8 de febrero de 2013

La implacable magia del basket


Ya lo decía Magic Johnson: "No te atrevas a cambiar de canal porque puede que en unos segundos te pierdas la mejor jugada que hayas visto en tu vida".

La palabra magia se asocia habitualmente al baloncesto. Ese aura que rodea al balón y que hace que en, ya no minutos o segundos, sino en décimas de segundo se palpe la victoria, la derrota o el asombro por igual en las caras de jugadores y miles de aficionados.
A magia nos referimos desde triples en el último segundo, mates espectaculares o canastas que deciden partidos. Es un sin fin de emociones y sentimientos que cubiertos bajo una capa de cuero albergan los sueños de cada uno de los que cree en el baloncesto.
La magia es espectáculo, desde el aficionado que está en el quinto anfiteatro a la estrella de Hollywood a pie de pista, las cheerleaders que bailan en los tiempos muertos o las divertidas mascotas que amenizan los descansos. Todo está cuidado al milímetro para ser un producto más que atractivo de cara a los aficionados. Sin duda, éstos últimos, los que hacen que la dimensión de este deporte no alcance límites.
También la palabra espectáculo está muy presente en tierras americanas en detrimento de las europeas. Aunque muchas veces trasciende de lo deportivo y va directo a lo cómico. Por ejemplo, muchos recordáis al gran Shaquille O'Neal y su gran problema de los tiros libres. El pívot, ya retirado de la NBA, decía: "Trabajo en lo que me gusta, tengo la mujer que deseo y más dinero del que puedo gastar ¿Por qué me iba a preocupar por tirar mal los tiros libres? No puedo ser perfecto". Cuando ves ahora a Dwight Howard o Blake Griffin tirando tiros libres que ni tocan el aro, algo que hace daño a la vista para cualquiera que practique este deporte, pero que se convierte en un aliciente que levanta del asiento a los aficionados para esbozar una sonrisa y una gran carcajada. Todo es espectáculo, hasta los errores se convierten en magia.
¿Pero que pasa cuándo intentas luchar contra la magia del baloncesto?
Acabo de disfrutar del partido que abría la Copa del Rey en Vitoria: Real Madrid-Barcelona. Tras llegar a una prórroga, el equipo blanco, con tres puntos de ventaja sobre los azulgrana, decidió hacer falta en vez de defender un hipotético triple.
Este ejemplo enlaza con el tema del artículo, el Madrid intentó apagar la magia del baloncesto, ¿quién sabe si hubiésemos visto un triple en el último segundo que hubiese levantado a muchos del sillón de casa o a otros tantos pegar una patada al aire de resignación? La magia del baloncesto acabó pasando por su detractor, y el Barcelona tras coger un rebote en el tiro libre, anotó una canasta y forzó la segunda prórroga para finalmente llevarse la victoria.
Cruzamos el Atlántico para divisar tal ejemplo. En la NBA es de muy mal ver que un entrenador ordene tácticas de este estilo que pueden privar de la magia de este maravilloso deporte al aficionado.
Recientemente, el partido que enfrentaba a Houston Rockets y Golden State Warriors ha sido fuente de polémica en los últimos días.
El equipo tejano a falta de un minuto estaba a un triple de superar el récord histórico de triples en un partido por un  sólo equipo. El público, conocedor de tal hazaña, gritaba desde las gradas: ¡One more three! (¡Un triple más!), pero la magia del basket se iba a topar con un enemigo una vez más, y es que Mark Jackson, entrenador de los Warriors, fue tajante y ordenó a sus jugadores hacer falta cada vez que los rivales tuviesen la pelota para evitar que tirasen de tres y de tal forma impedir que pudiesen batir el récord mencionado.
El cabreo del público fue general y Mark Jackson se convirtió en auténtico villano del espectáculo cuando la cámara de la televisión estadounidense fijaba el primer plano del entrenador envuelto en grandes gotas de sudor para pasar el mal trago del momento.
Esta vez se salió con la suya, pero seguro que el baloncesto se la acabará devolviendo.
Así que ya sabes, no luches contra la magia del baloncesto porque tarde o temprano acabará haciendo justicia.


Eduardo Salán                                                8 Febrero 2013

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